El sábado de Feria ha marcado un recorrido que ha ido del gesto íntimo de dibujar a la construcción colectiva de los relatos.

Desde primera hora, los talleres han situado el punto de partida en el propio acto de dibujar, no como técnica, sino como forma de decir.
En el de cómic autobiográfico para adultos, la invitación ha sido clara: no inventar, sino contar lo vivido, ordenar la experiencia con herramientas narrativas.
En el taller pensado para un público intergeneracional —‘Dibujar y descubrir’— la dinámica propuesta ha sido aún más expedita: observar, registrar, dibujar lo primero que aparece por la mente. «Abrazar el error», decía una de las talleristas, convertirlo en parte del proceso, dejar que el entorno active la historia. Lo importante no es saber dibujar bien, sino tener algo que contar y encontrar la forma de hacerlo.

A esa dimensión íntima se ha sumado otra mirada: la de la ciudad. Impulsado por el Área de Urbanismo, Medioambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, el taller ‘Madrid en cómic’ ha propuesto recorrer el territorio como si fuera una narración. El río, los parques, los trazados invisibles del agua: todo puede leerse, todo puede dibujarse. «El cómic funciona aquí como herramienta de mediación, capaz de acercar el patrimonio a públicos diversos y de activar una forma distinta de habitar la ciudad», afirmaba Raquel Bravo, jefa de Departamento de Difusión y Cooperación Institucional.
La jornada ha avanzado emprendiendo el viaje hacia la Meca —Bélgica— y desplazando el foco hacia el proceso creativo y la mirada autoral. En el encuentro con el autor belga Mathieu Burniat, el cómic se ha presentado como un espacio de exploración donde la idea y el dibujo se construyen casi al mismo tiempo. Su intervención ha situado el proceso en primer plano y ha reforzado la dimensión europea de la Feria al conectar Madrid con una de las tradiciones más influyentes del cómic contemporáneo.

A partir de ahí, el recorrido se ha abierto hacia la memoria. En el auditorio de Casa del Lector, César Sebastián, Marta Kayser y Antonio Altarriba la han abordan no como archivo estático, sino como materia viva, inestable, atravesada por lo personal y lo colectivo.
Por la tarde, ese desplazamiento se ha ampliado. En la charla ‘El viaje del héroe’ David Rubín, Javier Olivares y Aneke han cuestionado una figura que durante décadas pareció inamovible. Los héroes ya no son modelos claros, sino arquetipos en crisis, atravesados por contradicciones. Frente a la épica, aparece una idea más cercana y exigente: la del héroe como alguien capaz de sostener una posición, de actuar incluso sin garantías de éxito.

Esa revisión ha conectado con otro de los ejes del día: la globalización de la creación. En ‘El viaje soñado: Europa mira a Japón’, Kenny Ruiz, Lolita Aldea y Akira Pantsu han desmontado la idea de la influencia en una sola dirección. Hoy, el intercambio es constante: creadores españoles trabajan para editoriales japonesas, el manga forma parte del lenguaje de toda una generación y los procesos de trabajo revelan diferencias profundas. «Allí, el editor acompaña, corrige, exige; aquí, muchas veces, el autor trabaja en soledad», decía el autor de Team Phoenix. Entre ambos modelos, el cómic contemporáneo encuentra nuevas formas de construirse.

En paralelo, propuestas como las sesiones en directo de ‘Campamento Krypton’ sitúan el cómic en diálogo con la cultura pop y evidencian el potencial de la Feria como espacio abierto, capaz de atraer a públicos diversos y de generar nuevas formas de divulgación.
Y, mientras tanto, la Feria sucede. Las casetas se llenan, las firmas se encadenan y las colas se consolidan como una de las imágenes del sábado. La presencia de autores y autoras muy esperados convierte cada sesión de firma en un punto de encuentro, donde el tiempo se mide en turnos y en conversaciones breves que justifican la espera.

A esa ocupación constante del espacio se ha sumado el concurso de cosplay, que ha aportado una dimensión lúdica y visual que ha atravesado toda la jornada. Entre personajes reconocibles y reinterpretaciones personales, la figura de Spiderman —ganadora de esta edición— se impone como uno de los iconos de un día en el que el cómic también se encarna, se viste y se performa, y se convierte en juego compartido.
Y es que entre talleres, conversaciones, firmas y recorridos, el público no solo asiste, activa la Feria, y, a través del cómic, conecta lo íntimo y lo colectivo, lo local y lo global, lo vivido y lo imaginado.
Fotos © Gustavo Valiente
