La FCMadrid26 recorre sus últimos destinos: del papel al reto de ‘decir casi lo mismo’, pasando por el infierno creativo

Mesa redonda 'El viaje por el infierno' con Kim, Keko, Raquel Gu y Such durante la segunda Feria del Cómic de Madrid.

La segunda Feria del Cómic de Madrid ha llegado a su última jornada sin detener el ritmo. Las casetas han seguido atrayendo a lectores y lectoras buscando la recomendación o la novedad, los libros cambiando de manos y el público, en general, recorriendo Plaza Matadero como quien aún no quiere dar por terminado el viaje.


Porque si algo ha sostenido esta edición hasta el final es precisamente eso: la sensación de estar atravesando distintos territorios del cómic, de una parada a otra, sin que el recorrido pierda intensidad.


Charla 'El viaje por el papel: las primeras historias' con Mia Oberländer, Natalia Velarde, Conchi Trudier y Antonio J. Jiménez durante la FCMadrid26. Matadero Madrid. © Gustavo Valiente
El viaje empieza donde todo empieza

La mañana ha arrancado con una vuelta al origen en ‘El viaje por el papel: las primeras historias’, charla moderada por Gerardo Vilches y posible gracias a la colaboración del Goethe-Institut. En ella han participado Mia Oberländer, Conchi Trudier, Antonio J. Jiménez y Natalia Velarde para reflexionar sobre la experimentación y la libertad del fanzine, y sobre si ese espíritu puede sostenerse al dar el salto a las primeras obras largas dentro de un catálogo editorial.


El fanzine ha aparecido en la Feria no como una etapa previa, sino ocupando un espacio propio, un lugar donde probar sin pedir permiso, donde construir una voz antes de que el oficio imponga sus reglas.


Taller 'Fanzinario' con Conchi Trudier en la FCMadrid26. Matadero Madrid © Gustavo ValientePero hablar de primeras páginas no ha sido solo hablar de libertad, sino también de vértigo, del momento en que el cómic todavía no tiene forma definitiva y todo depende de una decisión, de una intuición, de un trazo que abre camino.

Ese mismo impulso ha tenido continuidad en los talleres, donde el proceso creativo se ha trasladado al hacer.


En ‘Fanzinario’, los participantes han trabajado desde lo colectivo, heredando historias, soltando el control y obligándose a avanzar. Dibujar sin aferrarse, construir sin tener todo previsto.


Y este no es un gesto aislado dentro de la Feria. La presencia de Territorio Fanzine, con caseta propia —la número 4—, ha reforzado durante estos días esa misma idea: la autoedición no como periferia, sino como uno de los motores vivos del cómic contemporáneo.


Visitantes en la FCMadrid26. Matadero Madrid. © Gustavo ValienteMientras tanto, fuera del auditorio y de las aulas de Casa del Lector, la Feria seguía su propio ritmo.
Las firmas, las recomendaciones en caseta, las conversaciones improvisadas. El público que vuelve, que repite, que pregunta. La compra como parte esencial del recorrido: elegir un libro, llevárselo, incorporarlo al viaje propio.


Porque también ahí ocurre la Feria.


Descender: el viaje hacia dentro

A mediodía, el itinerario cambiaba de dirección con ‘El viaje por el infierno’

El punto de partida no ha sido casual. El moderador —Such— ha articulado la conversación en torno a La Divina Comedia, utilizando el descenso de Dante como marco para pensar el propio recorrido de los autores: un viaje que no avanza en línea recta, sino que vuelve, insiste y se repite.

Mesa redonda 'El viaje por el infierno' con Kim, Keko, Raquel Gu y Such durante la segunda Feria del Cómic de Madrid. Matadero Madrid. © Gustavo Valiente
Lejos de cualquier espectacularidad, el infierno ha aparecido como algo mucho más cercano. No un lugar, sino una persistencia: temas, colores, imágenes y obsesiones que reaparecen a lo largo del tiempo y que terminan definiendo una obra. Kim, Keko y Raquel Gu han planteado ese descenso como un proceso de retorno. Volver una y otra vez sobre los mismos motivos —las relaciones, la violencia, los imaginarios heredados— hasta encontrar una forma de contarlos.


En ese sentido, el cómic se dibuja como un lenguaje especialmente fértil para explorar lo que no siempre se ve: lo que ocurre en lo doméstico, en lo cotidiano, en aquello que permanece oculto tras lo aparentemente normal.


También ha atravesado la conversación una tensión menos visible: la relación con el propio oficio. Entre el juego inicial y la exigencia del trabajo sostenido, el proceso creativo oscila entre el disfrute y la incomodidad, entre la intuición y la conciencia de los propios límites.


El cruce de lenguas 

Con las traductoras Inés Mesonero y María Serna, el viaje ha continuado por otro territorio menos visible, pero decisivo: el idioma.


El cómic se ha revelado como un lenguaje en permanente negociación. Traducir no es trasladar palabras, sino tomar decisiones: ajustar ritmos, condensar significados, dialogar con la imagen y asumir los límites del espacio. 


Como apuntaba María Serna parafraseando a Eco, traducir es, en el mejor de los casos, «decir casi lo mismo»: un ejercicio necesariamente imperfecto que obliga a elegir constantemente y que convierte la traducción en una práctica profundamente creativa.


A esa complejidad se suman otros retos: la necesidad de adaptarse a un lenguaje en continua evolución, el riesgo de que una traducción envejezca con el tiempo o la dificultad de construir voces diferenciadas para cada personaje dentro de un mismo texto.


Lejos de ser un trabajo individual, la traducción de cómics ha aparecido también como una labor colectiva, que exige pedir ayuda, contrastar saberes y apoyarse en otros para afinar cada decisión.


Grabación en directo de 'Menudo Castillo', el programa de radio sobre literatura infantil y juvenil realizado por niñas y niños y conducido por Javier Fernández Jiménez, durante la FCMadrid26. Matadero Madrid.
Última parada (que no es final)

La jornada ha ido cerrándose sin ruptura, con la misma continuidad que ha marcado toda la Feria.

La radio en directo, las últimas compras, las conversaciones que se alargan…


Y mientras tanto, la sensación de que el recorrido no se agota aquí. Porque el viaje del cómic no finaliza al dibujarse, ni al traducirse, ni al venderse, sino cuando alguien lo lee.



Fotos © Gustavo Valiente